FELICIDAD Y POBREZA: ¿PORQUÉ LOS POBRES TOMAN MALAS DECISIONES?

by - martes, enero 14, 2020



Estamos en las primeras semanas del año 2020. Seguramente, a finales del 2019 muchos fijastéis unas metas a alcanzar y otros pedistéis deseos que esperáis que se cumplan. Al ser este nuestro primer artículo del año, queridos LivAglayers, recibir todos mis felicitaciones y buenos deseos.

El origen de este artículo.

Hoy me ha venido a la mente un trabajo grupal que hice en mi segundo año de universidad. Era una asignatura de Economía Política y teníamos que investigar sobre algún tema de nuestro interés, obviamente, relacionado con el temario. Los trabajos serían expuestos al final del cuatrimestre.
Elegir tema no fue difícil en nuestro grupo. Partíamos de la idea de estudiar cifras con "dimensión humana" y evitar centrarnos solo en "números fríos". Resumiendo un poco, quisimos saber si tener mucho dinero o apenas tenerlo podía determinar nuestra felicidad, la felicidad entendida como satisfacción vital. Dicho de otro modo, decidimos estudiar si se podía ser feliz siendo pobre.
Todas habíamos  dicho o escuchado expresiones como "el dinero no da la felicidad" o "es mejor llorar en un ferrari".
Lo cierto, es que con este trabajo teníamos la oportunidad de profundizar nuestros conocimientos y mirar la cuestión desde otro ángulo. Porque, aunque nos dijeran que disponíamos de un máximo de diez minutos para explicar nuestros hallazgos, poder cumplirlo requería leer previamente una cantidad indigerible de material, cosa que nos ayudaría a hablar con cierta base.

Datos sobre la pobreza.

Según las estimaciones más recientes del Banco Mundial, en comparación con el 11 % de 2013, en 2015 el 10% de la población mundial vivía con menos de USD 1,90 al día. Estas cifras son inferiores al valor de casi un 36% registrado en 1990. O sea, cerca de 1100 millones de personas menos viven en pobreza extrema, en comparación con el año 1990.

Al estudiar la relación entre felicidad y pobreza, encontramos que los estudiosos habían tratado de determinar primero lo que era ser pobre, que medían la pobreza. Principalmente, hablaban de dos tipos de pobreza:
Por un lado, estaba la pobreza objetiva. Se dividía entre pobreza absoluta, relacionada con la miseria (situación en la que el individuo carece de los recursos básicos para su subsistencia, como alimentación, vivienda y vestidos),  y la pobreza relativa (que se daba cuando el individuo se hallaba en desventaja social y económica clara respecto a otros individuos de la sociedad). Al ser objeto de estudio, este tipo de pobreza ofrece una perspectiva comparativa.
Por otro lado, se encontraba la pobreza subjetiva (que tiene más que ver con la percepción individual de los sujetos referente a su condición, es decir, si ellos mismos se consideran pobres o no).

Datos sobre la felicidad.

A pesar de que en la actualidad es tendencia hablar de felicidad y que existe un mercado entorno a su consecusión, en aquel momento, nos encontramos con la problemática de que la relación entre felicidad y dinero apenas comenzaba a interesar a los científicos. No existían abundantes estudios sobre esta cuestión.
Intentamos hacer una investigación algo ambiciosa para el tiempo que disponíamos, pero dejamos sin aclarar cuestiones esenciales del tema, aunque sí que aprendimos bastante.
De todo ello, quiero dejar dos datos curiosos que, desde entonces, se quedaron en mi cabeza: 

Primero, uno solo se podía ser feliz desde el momento en que tenía las necesidades básicas cubiertas y la libertad de desarrollar su vida. Por eso, tener un estómago hambriento seguramente te hará infeliz.

Segundo, que Bután se consideraba el país de la felicidad. Aunque el Producto Interior Bruto es un indicador de crecimiento económico, los hay que lo emplean como si lo fuera de desarrollo. Este paraíso asiático rechazaba el PIB como indicador del desarrollo. Más bien, prefería medir sus resultados en base a un Indice de Felicidad Nacional.
Cabe apreciar en este mismo sentido, que las investigaciones que toman el PIB como referencia para estudiar la conexión entre riqueza y felicidad de las naciones, arrojan resultados bastantes llamativos.
Eugenio Proto y Aldo Rustichini, en un estudio de 2013, publicado en la revista PLOS ONE, sobre  la reevaluación de la relación entre el PIB y la satisfacción vital, demuestran que la satisfacción de la vida aumenta con el PIB en un país pobre, pero esta relación es aproximadamente plana en los países más ricos. Encontraron, igualmente, lo que sería el tope de la felicidad. Según los expertos, una vez que se alcanzaba la cifra que ronda los 36.000$ anuales de PIB nominal per cápita (unos 26.561€ al año), el dinero dejaba de poder "comprar la felicidad". Es más, comenzar a ingresar cantidades que superaban este umbral podía ser causa de infelicidad.

Pobreza, felicidad y decisiones.

En Economía, sobre todo, nos encontramos con varias teorías tendentes a explicar que las personas siempre elegirán aquello que les reporte más beneficios, utilidad o satisfacción. Aquello que en suma les haga más felices. De este modo, con el incremento de la felicidad individual se podría conseguir una felicidad colectiva.
Esta idea, sería concordante con el pensamiento que suele afirmar que somos nuestras decisiones. Que da a entender que, si disfrutamos de una situación financiera holgada es porque hemos tomado buenas decisiones, y viceversa. Así es que, quien mal elige obtiene malos resultados y quien bien elige obtiene mejores resultados. Reducido a la simplicidad, también podría significar que si somos infelices es porque decidimos serlo, o que las malas decisiones son las que nos llevan a manifestar ese estado. Sin embargo, esta forma de pensar no tiene en cuenta otros factores que pueden estar condicionando nuestras decisiones, como los psicológicos o incluso los contextuales, por poner algunos ejemplos.
Contemplando esto que acabo de explicar y el primero de los datos que he dado en el apartado previo, uno se preguntaría: si no puedes ser feliz sin las necesidades básicas cubiertas y la libertad de desarrollar tu vida, financieramente hablando, ¿significa que los pobres eligen ser infelices porque toman decisiones conducentes a ello o son incapaces de tomar buenas decisiones porque no quieren ser felices? Claramente, estoy considerando la repercusión de la toma de decisiones en nuestra felicidad y su relación con nuestra situación financiera. Por otro lado, para hacer este planteamiento, me baso más en los conceptos de pobreza absoluta y la subjetiva. Situaciones en las que objetivamente carecemos de recursos básicos o subjetivamente sentimos que no disponemos de lo suficiente para considerar satisfactoria nuestra vida.

A finales del 2013 la narrativa de una ciudadana estadounidense acerca de la pobreza se hizo viral, su respuesta acerca del porqué los pobres toman malas decisiones batió un record, tanto que acabó publicada en el Huffpost. Linda Tirado, intentaba responder a cuestiones como: ¿Porqué comían mal (decidían comprar comida que afectaba negativamente su salud, como la comida basura)?, ¿porqué hacían malos presupuestos (si decidían hacerlos)?, ¿porqué no mostraban ambición?, ¿porqué continuaban teniendo hijos pese a no poder mantenerlos? O porqué compraban alcohol y cigarrillos en lugar de algo más saludable?
Aunque esas preguntas estaban relacionadas con la repercusión financiera de estas decisiones, Tirado intenta dar una respuesta que se centraba más en el proceso psicológico que conducía a la obtención de resultados nefastos y los reiteraba. Como he enlazado las publicaciones, puedes pinchar los enlaces para su lectura y usar el traductor si te resulta ajeno el idioma.

Contrariamente a la concepción de que las malas decisiones conducen a la pobreza y, de paso, causan infelicidad, los datos indican que es el peaje cognitivo de ser pobre lo que conduce a las malas decisiones. Es decir, uno no es pobre porque toma malas decisiones sino que toma malas decisiones porque es pobre. 

Un estudio publicado en la Revista Science respecto a las causas de la pobreza persistente, presentó una perspectiva única. Los investigadores sugirieron que ser pobre podía impedir a una persona centrarse en las opciones que le sacarían de la pobreza. En las condiciones o contexto de pobreza, donde la persona tenía que realizar un esfuerzo constante por tener que hacer frente a los efectos inmediatos de tener poco dinero, su función cognitiva se veía disminuida. De este modo, la persona se quedaba con menos "recursos mentales" para centrarse en asuntos complicados, indirectamente relacionados como la educación, la formación laboral e incluso la gestión de su tiempo.
En una serie de experimentos, los investigadores encontraron que, en promedio, una persona preocupada por problemas de dinero exhibió una caída en la función cognitiva similar a una caída de 13 puntos en el coeficiente intelectual, o la pérdida de una noche entera de sueño. La función cognitiva cambiaba con las condiciones financieras.
En base a estos experimentos, también era importante reconocer que, si bien la escasez puede ayudar a las personas a concentrarse en los costos y beneficios, también puede causar estrés que cambia la atención y roba el ancho de banda cognitivo. Y realmente, esas decisiones que nos parecen contraproducentes podrían ser totalmente racionales. 

Desde este punto de vista, los pobres son menos capaces de tomar decisiones idóneas no por los rasgos inherentes, sino porque el contexto mismo de la pobreza impone una carga e impide la capacidad cognitiva. Los hallazgos, en otras palabras, no se tratan de la gente pobre, sino de cualquier persona que se encuentre pobre.

Ante estos resultados, considero que no sería descabellado pensar que somos más nuestro contexto que nuestras decisiones. Y que si queremos tener ciudadanos felices, deberíamos tener en cuenta los factores contextuales implicados en la toma de decisiones que podrían incrementar su felicidad. Al menos financieramente hablando.

Si tienes alguna idea u opinión que quieras compartir respecto a este artículo, no dudes en ponerlo en los comentarios. Nos vamos leyendo.


Principales Estudios y Enlaces:

-Anandi Mani, Sendhil Mullainathan, Eldar Shafir, Jiaying Zhao. Poverty Impedes Cognitive Function. Science 30 Aug 2013 : 976-980

-Banco Mundial:

-Huffpost:
-Instituto Nacional de Estadística:
https://www.ine.es › socialesPDF pobreza en espaa-

-Proto E, Rustichini A (2013). A Reassessment of the Relationship between GDP and Life Satisfaction. PLOS ONE 8(11): e79358. doi:10.1371/journal.pone.0079358

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2 comentarios

  1. Interesante Leo, me gusta la expresión: tomamos malas decisiones porque somos pobres...

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  2. Qué bueno que te resultara interesante! Muchas gracias B.❤

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