LA PROSTITUCIÓN DEL CONOCIMIENTO

by - lunes, diciembre 16, 2019

Autora: Estefanía Mba

Quiero que te fijes y leas bien lo siguiente: "En Guinea Ecuatorial ahora te valoran por otras cosas, lo material, el coche que conduces, la marca de tu ropa… Y las que lo pasan peor son las mujeres, porque para trabajar o para triunfar, realmente no van a depender de su coeficiente intelectual o de sus capacidades o habilidades, todo depende del color de sus bragas y con la facilidad que las bajan." Más adelante volveré a la autoría de esta afirmación, mientras tanto, ¿cómo se te ha quedado el cuerpo después de leerla? ¿Guinea ya es la nueva versión descafeinada de Sodoma y Gomorra de África central?

Hace poco llegó a mis manos el enlace de una entrevista realizada a Lucía Mbomío a propósito de la presentación de su segundo libro: Hija del camino. El entrevistador a veces pretende comparar a Lucía con la protagonista de su obra y, aunque en algunas respuestas  ella menciona Guinea Ecuatorial, justo por el final de la entrevista relata parte de la que fue su experiencia en el país:

"Guinea tiene muchísima belleza, a pesar de ser muy dura. Mi experiencia en Guinea fue muy fuerte. Me sentí, sobre todo, mujer. Allí no podía sentirme negra, porque allí todos son negros... Allí viví momentos preciosos. Y nadie cuestionó nunca mi guineidad... Pero en Guinea viví continuamente el acoso como consecuencia de ser mujer. Ser mujer allí implica no ser nada. Especialmente si no tienes un cochazo y vas a pie…Y esto allí me pasó con guineanos, pero también con españoles, con libaneses, con franceses… Fue muy chocante…"

Como si de un proceso en cadena se tratara, en el mismo periodo también vi muchos estados de whatsapp y stories de instagram compartiendo noticias, videos y testimonios que tenían que ver, tanto con el maltrato que sufre la mujer ecuatoguineana por parte de su pareja, como con el acoso sexual al que se ve constantemente sometida (entiéndase acoso en su sentido coloquial). Como era de esperar, toda esa avalancha de información me hizo reflexionar y decidir escribir este artículo.

Si me has leído hasta este punto,  posiblemente supongas que voy a hablar de la riqueza relacionándola con el maltrato y acoso a la mujer ecuatoguineana. No es del todo así, para ser más exacta, quiero tratar acerca de la percepción negativa que la población y los ciudadanos ecuatoguineanos tienen de la mujer ecuatoguineana, de la cosificación  que sufre por razón de su sexo. Para ello, hablaré de "categorías de mujer guineana", contextualizaré las percepciones negativas, pondré ejemplos de casos reales (que muchos conocéis) y, finalmente, propondré algunas soluciones.

Categorías de mujer.

Las categorías de mujer guineana podrían referirse también como anatomía de la mujer ecuatoguineana, todas las estructuras de mujeres que nos llevan a hablar de "mujer ecuatoguineana" a secas. Quizás sea una obviedad, pero en Guinea todas las mujeres no son iguales. Quiero hacer constar que la percepción negativa a la que me refiero pesará más sobre ti dependiendo de la "categoría de mujer" que ocupes en la sociedad o las categorías que confluyan en tu persona (dado que no todas son mutuamente excluyentes).
No es lo mismo apellidarse "mujer de tal" que ser una mujer soltera. No es lo mismo ser una mujer de piel clara que ser una de piel oscura. No es lo mismo ser una mujer académicamente formada que ser una mujer sin estudios. Una mujer con discapacidad no es igual que una que no la tiene. Tampoco es lo mismo ser una mujer que ha salido de Guinea y ha vuelto al país que ser una mujer que nunca lo ha hecho. No es lo mismo ser una mujer con hijos (y que el padre se encargue de ellos o no) que ser mujer y no haberlos tenido. Podría seguir así durante un buen rato, pero tampoco trato de aburrirte. Con todo esto solo quiero aclarar que cuando hablamos de mujer ecuatoguineana, realmente estamos hablando de muchos tipos de mujeres aunque, constantemente, tendemos a mezclarlas y juntarlas, “a meterlas en un mismo saco”, como dice el dicho. No obstante, como la valoración de cada mujer en la sociedad pasa por el filtro de estas categorías, esto supondrá un privilegio en algunos escenarios y en otros una perfecta maldición. Sea como fuere, y de allí la continua mezcla que se hace, todas estas categorías al fin y al cabo se resumen en esto: son mujeres. 

Percepciones negativas.

Es importante contextualizar el desarrollo de estas percepciones. Por ello, voy a hablar de tres que, a mi parecer, se llevan el broche de oro por ser las más habituales.

A. Contexto elemental. Por ser mujer se puede pensar y se tiende a pensar, sobre todo en la esfera familiar propiamente dicha- la fang en mayor medida- que tu opinión no cuenta o que tiene que contar menos. En este artículo Cheswa nos explica un poco cómo elementos tradicionales de la etnia fang nos han llevado a puntos como este, no me detendré ahora en esos detalles. Nótese, en cualquier caso, que estoy hablando de lo mayoritario (hay familias en las que las mujeres tienen voz, pero esas son las excepciones de la norma general). En definitiva, el primer nivel o contexto en el que la mujer se ve ninguneada por razón de su sexo y, por ende, el inicio de la percepción negativa que después se extiende,  ocurre en el núcleo familiar.

B. Contexto superior. Guinea Ecuatorial es uno de esos países en los que, a pesar de que la presencia femenina en los puestos de responsabilidad es cada vez más común (sin existencia de cuotas), al mismo tiempo, está extendida la creencia de que si una mujer los ocupa es porque es hija de tal o concubina de tal (se tiende a dudar de sus méritos). Esta es una pésima concepción para algo que debería suponer un avance, es decir, mujeres contribuyendo también desde arriba para el desarrollo del país.

La percepción negativa que hace que la condición sexual de ser mujer pese, ya no solo dentro de la estructura familiar, sino en un grado superior externo (en una posición de responsabilidad a nivel profesional), también pesa en los niveles o contextos intermedios. O sea, cuando nos situamos en el proceso de aprendizaje formal (instituciones académicas), donde se gesta mayoritariamente lo que aquí voy a  llamar la prostitución del conocimiento.

C. Contexto intermedio. La prostitución del conocimiento es una práctica extensamente conocida y, a la par, ampliamente callada. Recurren a ella maestros y profesores que desde su posición de deidades o su versión de semi-dioses (como diría mi compañera Cheswa), utilizan el chantaje y acoso sexual para que las alumnas pasen por sus camas, a cambio de aprobados al final del curso. En cambio, de los estudiantes masculinos suele valerles más un puñado de francos. En ambos casos lo que sucede es algo terrible. Pero como todo tiene sus consecuencias, regularmente pasan varias cosas:
De un lado, tenemos a los convencidos. Es el alumnado que se niega a ceder ante esta situación. Suelen llegar a sentirse impotentes e indefensos porque, aunque deciden no ceder, también creen que tienen más que perder con su oposición. Muchas de las veces se ven perjudicados, ya sea porque bajan sus notas, suspenden y se desmotivan, o porque finalmente abandonan los estudios si no hallan alternativa viable por sus circunstancias personales. 

Del otro lado, están los buscavida y los listillos. Los unos y los otros son conscientes de lo perversa que es esta práctica, pero deciden sacar ventaja de ella igualmente. Si bien los buscavida recurren a ella como último recurso (después de intentar seguir la vía correcta y comprobar que no les funciona), los listillos lo hacen como su único recurso (hacer lo correcto no es opción válida para estos). Los machos buscavida y listillos generalmente se limitan a sacar billetes pero, ¿qué pasa con las féminas de estos grupos? Cuando las buscavida y las listillas no quieren pagar con billetes o el profesor no los acepta, ni falta hace que el docente haga de chantajista o acosador sexual, porque ellas deciden ocupar ese lugar, acosan ellas sexualmente a los docentes para aprobar.

En último lugar, tenemos a un último grupo del estudiantado (los desamparados). Son aquellos que saben que todo esto es malo y no quieren hacerlo, pero se ven forzados y superados por las circunstancias. Lo hacen obligados, creen que no tienen otra salida, no saben encontrarla o no la encuentran.

La prostitución del conocimiento es exponencial en ciertos centros, mientras que en otros pasa de manera excepcional (raras veces).

Si bien es cierto que esto que se gesta en el nivel intermedio también se puede reproducir (y se suele reproducir) en los niveles superiores, expuestas las cosas como están, lo lógico sería pensar que la sociedad juzgará con igual severidad a todos los que conscientemente pervierten el sistema. Pero eso no es lo que suele ocurrir.  La condición de "mujer" suele pesar más y las voces que finalmente se extienden por la sociedad, son aquellas que dicen que "las alumnas se acuestan con sus profesores para aprobar", "las mujeres se acuestan con sus jefes para ascender" o "las mujeres están dispuestas a acostarse con quien haga falta a cambio de lo que sea".

Cuando el conocimiento se prostituye y se normaliza este prevalecimiento del reproche hacia la mujer, lo que sucede es que, aunque tú seas ajena a estas prácticas y tu coeficiente intelectual sea el más alto habido, pues lo veas cuestionado con antelación. Obligándote a demostrar lo contrario con creces. Todo por tu sexo, solo por ser mujer.
De antemano, muchos asumen que no tienes cerebro (¡Ay de ti si además te ven cara bonita!). Tendrás que probar que algo reposa debajo de ese pelazo de "aguacate" (extensiones de pelo natural). Porque, claro, ¿cómo puede ser que seas guapa e inteligente?
Si esto no fuera una cuestión de genitales, la valía y formación de los hombres también se pondría en tela de juicio precipitadamente. Para ellos funciona justo al revés: "eres inteligente hasta que demuestres lo contrario".
Si no fuera una cuestión de genitales, cuando supieras que el chico x saca matrículas de honor y cuando te enterases del ascenso profesional del joven x, también se te ocurriría pensar y decir primero: ¿realmente es buen estudiante?, ¿a quién habrá pagado para trabajar aquí?, ¿con quién se habrá acostado para llegar donde está?
¿Cuántas veces haces las mismas preguntas sobre gente de ambos sexos, sobre todo si no son cercanas a ti? Nadie tiene que responderme a esta pregunta, pero cada quién puede llevar su propia cuenta.
¿Prejuzgas más a hombres o a mujeres en este sentido? Cuáles son los motivos? O es que eres de los que no prejuzga? Si fuera lo último, ¡enhorabuena!
¿Y porqué hablo de ti, de nosotros, de la sociedad? Verás, aunque el tema se refiera a la percepción negativa hacia la mujer ecuatoguineana, no estoy diciendo que los hombres son los únicos que piensan así o dicen esas cosas, que prejuzgan la inteligencia de las mujeres negativamente y la de los hombres positivamente. Hablo de todos porque hombres y mujeres participamos en este delirio conjunto, las mismas mujeres también prejuzgamos negativamente los cerebros de nuestras compañeras y lo hacemos positivamente con los de ellos,  todos deberíamos hacérnoslo mirar.

Algunos casos reales.

Quiero poner de ejemplo dos casos reales, seguramente los conocéis muchos. Es para que podáis hacer una comparación en términos de repercusión. Creo que los casos de estas mujeres nos retratan como sociedad a la hora de lidiar con estos temas.

Guillermina Mekuy. Cuando ella llegó a Guinea yo aún era adolescente. Recuerdo que en aquella época casi todas las de mi generación la admiraban, era un ejemplo a seguir para muchas jóvenes (y yo me incluyo). Guillermina supo emplear su presencia en los medios de comunicación para mandar un mensaje, directa o indirectamente: aunque seas muy joven y mujer, tú también puedes estar aquí por tus méritos, tú puedes aspirar a tener un puesto de responsabilidad.
El caso de Guillermina fue atípico, en un principio era respetada y nadie (o pocos), hasta donde me consta, ponían en duda sus capacidades o su formación.
Sin embargo, lo que empezó como un cuento de hadas se fugó tal drama. Todo dio un giro repentino que, pienso que supuso un perjuicio no solo para ella sino para la mujer ecuatoguineana. Aparecía por todos lados información que cuestionaba su integridad como persona y como profesional, y lo peor es que recurrían a su condición de mujer, con la agravante mujer bonita. Ahora el mensaje que nos daban era este: solo podéis hacer uso de vuestra cara bonita para aspirar a ser "alguien". Aunque ella tratara de desmentir todo aquello, la información (veraz o no) ya había llegado y la duda estaba sembrada, el daño estaba hecho. Personalmente valoré todo aquello y saqué mis conclusiones. Me hacía preguntas, si esta mujer ha sido mala ministra ¿por qué no se limitan a hablar de su gestión? Por qué tenemos que saber y hablar de con quién se acuesta o no? A cuántos ministros varones hemos cuestionado sus capacidades sacando a relucir con quiénes pensamos que se acuestan o se han acostado, al menos en voz alta?
Como ciudadanos podemos valorar la gestión de nuestros dirigentes con mayor objetividad que sus asuntos personales. Fácilmente se puede analizar y comparar lo que ha hecho cada quien con el presupuesto asignado.
En todo caso, que esta mujer se sobrepusiera tras el linchamiento público por el que pasó, es algo admirable. Ninguno de sus compañeros ha visto cuestionadas sus capacidades por razón de con quién piensan que se acostó para desempeñar su puesto. 

Asunción. Cada vez que yo sintonizaba la TVGE para ver algo que no fuera una película o las noticias, lo hacía por Norberto Olinga o por esta mujer. Entonces era una periodista muy joven (creo que incluso de prácticas), y cualquiera podía percibir rápidamente que era una chica con muchísimo talento, que era más profesional incluso que algunos veteranos del entorno.
Siempre he pensado que cuando alguien tiene talento para algo es fácil notarlo (lo contrario también). Recuerdo que le solía decir a mi madre: "esta chica llegará lejos si nadie jode su potencial por el camino". No sé cómo veían su figura otras chicas de mi generación, pero en mi casa el talento de Asunción para el periodismo no se dudaba. Pero, al igual que Guillermina, su historia dio un giro muy grande porque alguien decidió que tenía el derecho de atentar contra su intimidad y su privacidad. Fue lamentable ver cómo ella era la juzgada y no la persona que decidió hacerlo. Muchos no somos conscientes del mal que hacemos cuando decidimos participar en festines de producir daño colectivo.
El caso de asunción le supuso mayor linchamiento público que el que tuvieron que pasar otros compañeros varones ante casos similares (puestos a comparar el comportamiento social).
Algunas personas suelen suicidarse cuando pasan por situaciones parecidas, por fortuna ella sigue viva y creció después de aquello. A superar los malos tragos de la vida también es algo que podemos aprender de otros, no solo de sus éxitos.
Guillermina y Asunción tenían en común el ser mujeres y aspirar a algo fuera de la mediocridad.

¿Qué podemos hacer?

El inicio de este artículo resume la respuesta de un chico cuando le pregunté, que desde su condición de hombre, qué opinaba personalmente de lo que estaba compartiendo. 
Cuando la gente comparte ciertas cosas, también me gusta preguntar qué soluciones propone, pues problemas sabemos ver casi todos (yo la primera). 
Considero que reconocer un problema es el primer paso para empezar a solucionarlo. Así que compartir información de lo que nos parece injusto, aunque puede ser bueno, no tenemos porqué quedarnos solo en eso. Para que ver a una mujer que ha sido golpeada no se nos haga costumbre y parezca normal por habitual.
Algunas personas al principio suelen responderme: no se puede hacer nada, pero después salen palabras que se repiten: educación, sensibilización, recursos. Mis propuestas no se alejan mucho de esas palabras.

Mi primera propuesta tiene que ver con el ámbito político-aparato de gobierno. Es decir, creo conveniente que en la definición de los problemas públicos se ponga la mira en esta cuestión, para que transite de la agenda pública (problemas de la sociedad) a la agenda de gobierno (problemas que reconoce la autoridad), y para planificar e implementar las correspondientes políticas públicas (donde deberían poder participar expertos, gobierno y ciudadanía). Vendrían genial estudios en este campo.
Casi todos estaremos de acuerdo en que la planteada prostitución del conocimiento es un mal serio, y ya no hablar de la posición marginal de la mujer. Pero pasa algo: para que un problema entre en la agenda de gobierno (en otras palabras, para que el gobierno haga algo), lo primero que se necesita es definir aquello con nitidez como un problema público. Claro, la cuestión es  livaglayers, que problema público no es lo que a nosotros nos parece objetivamente como grave, sino aquello que un actor o grupos de actores (organizaciones de la sociedad civil, gobierno, partidos políticos…,) consideran como tal y deciden visibilizar al resto de la población.  
Sin ánimos de extenderme mucho en este aspecto (porque es un tema amplio), concluiré proponiendo la inclusión de cuestiones de esta índole en la agenda de gobierno.

El resto de propuestas van más dirigidas a la ciudadanía en su conjunto, organizaciones sociales y a todos los que me leéis como individuos:

1. Educación diferente: desde casa, en los centros educativos, a través de los medios de comunicación. Los tutores deberían educar a su prole en el respeto mutuo. El respeto debería empezar en la pareja (porque el ejemplo también educa). Los progamas de televisión pueden tratar estas cuestiones (pero no tiene que ser de la forma tradicional-solo bombardear con imágenes de "tal" ha sido brutalmente golpeada). Invitar a jóvenes, adultos y profesionales a expresarse para crear intercambio de ideas, educar sobre los derechos que tienen los afectados, educar para eliminar la estigmatización que sufren las víctimas. Campañas de sensibilización por parte de gente que tiene visibilidad (los influencer tienen mucho poder para crear impacto a través de sus redes sociales y educar). 

2. Hay leyes que castigan muchas de las conductas que he tratado, aunque reforzar las garantías en cuanto a su cumplimiento ayudaría de sobremanera.
Sé que muchísima gente no lo sabe y ni siquiera contempla denunciar. Pero desde aquí te animo a que lo hagas si te encuentras ante un caso igual. Personalmente me consta el de una muchacha que se animó a denunciar a un profesor semi-dios y al centro por no tomar medidas. El centro estuvo a punto de cerrar por este caso. Esta joven provenía de una familia humilde y su suerte fue contar con padres dispuestos a apoyarla. Si acudes a las autoridades y tu voz no es escuchada, aún tienes la opción de contar tu historia y visibilizar el caso (con las redes ya es posible).  
Si eres joven o menor cuenta a tus tutores lo que pasa. Y si eres tutor apoya a tus hijos, interésate por su rendimiento académico en general.

3. Tendría un impacto beneficioso si las mismas instituciones académicas tuvieran la voluntad de erradicar la prostitución del conocimiento desde dentro. Tomar acciones e implementar protocolos que eviten que pasen estas cosas y faciliten la denuncia de estos casos.

4. Acciones individuales. Apoyar a gente que lucha para que no sigan pasando estas cosas. Compartir su contenido o compartir vosotros contenido que pueda educar. Si sabes escribir pues escribe, si lo tuyo es hacer vídeos pues graba, si prefieres cantar manda un mensaje educativo. Todo cuenta.

5. Mentorizar. Mujeres y hombres que han alcanzado ciertos logros o que están en el camino, también pueden a ayudar a otros a lograrlo. Mentorizar también a mujeres para que confíen en su potencial, para que crean en sí mismas, porque no vale cualquier acción externa sin la propia confianza. Dar charlas y conferencias contando vuestras experiencias, dificultades en el camino, retos, logros. Compartir lo que sabéis.
No quiero cometer lo que me parece que es el error que cometen muchas personas que tratan este tipo de temas, que es pensar que los afectados son los únicos que pueden y deben solucionar sus problemas. En nuestro caso, creo que los hombres tienen mucho que hacer para que muchas de estas cosas cambien.

6. Reflexión personal. Piensa en qué medida contribuyes a estos chismes, en qué medida haces algo para evitarlo, en que medida eres el problema o la solución.

Todas estas son las propuestas que se me ocurren, si se te ocurren más cosas o simplemente quieres compartir tu opinión, te leo en los comentarios. Todos sumamos. 

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