ABOGADOS DEL DIABLO

by - lunes, mayo 06, 2019





Y tú, ¿defenderías a un asesino?, ¿defenderías a los malos?, ¿por qué quieres ser abogada si pareces/eres buena persona?, ¿también vas a ser/eres como ellos?
Si tuviera que ahorrar una moneda de un euro (1€) por cada vez que me han hecho estas preguntas, quizás ya tendría una fortuna. Bueno, sin exagerar, digamos que ya dispondría de una suma importante de dinero.

Abogados del diablo es el título de este texto y nada tiene de original. No es una expresión que haya inventado yo, pues data de muchos años atrás. Es posible, incluso, que hayas visto o te suene alguna película de igual título o parecido.
Fue en el siglo XVI cuando la Iglesia católica estableció esa figura, era una denominación que recibía el “promotor de la fe”, aquel cuya labor consistía en sacar a la luz los errores existentes en las pruebas y documentos presentados para demostrar la adecuación de un candidato para ocupar los altares como beato o santo. 
Claro, si todos decimos que un individuo debe considerarse santo o beato, ¿por qué vendría alguien a demostrar o intentar demostrar lo contrario? Ese solo podía ser un abogado del diablo. Y así empezó todo!

Normalmente, decimos que alguien hace de abogado del diablo cuando defiende posturas que a nuestro parecer son indefendibles o deberían serlo.
En la actualidad, es una realidad que muchas veces los juristas son señalados como tal y, concretamente, los abogados. Con independencia de cuáles sean sus principios morales, desafortunadamente, esa es la percepción que muchas personas tienen de estos profesionales del Derecho.

Ser o querer ser abogado/a se ha convertido en el equivalente de ser una mala persona o tener necesariamente maldad.
Sin ir más lejos, personalmente me han hecho incontables veces esta pregunta: “¿Por qué quieres ser abogada si pareces/eres buena persona?” No quiero que quien me esté leyendo se haga la idea de que me defino precisamente así. Como muchos de los que me estáis leyendo, yo también procuro hacer lo que me reporte mayor paz, lo cual significa que también tengo defectos y virtudes. Pero no toca hablar de mí, así que volvemos a los abogados del diablo...
Yo personalmente pienso que esta percepción errónea de la abogacía (porque para mí lo es) que, a veces, incluso es promovida por algunos de estos profesionales, ni es buena para ellos ni es buena para la sociedad, y ya intentaré explicar por qué...
Apostaría que son muchos juristas (si no todos) los que en algún momento de su vida han tenido que enfrentarse a preguntas como las que he citado al principio del artículo, cosa que no creo que siempre les haya resultado precisamente cómodo.

Cuando una persona te hace estas preguntas, su expresión puede variar según las circunstancias y el contexto en el que te encuentre. Algunas personas te preguntan desde el cariño (como forma de transmitir su preocupación por ti), otras desde la indignación, con mucha rabia y enfado (como si tuvieras que sentirte culpable por dedicarte o querer dedicarte a dicha profesión), los demás llegan incluso a la burla (como si pretendieran ridiculizarte por tu elección). Este último ejemplo, quizás te esté resultando improbable porque, a pesar de todo, es una profesión que socialmente se dice que es considerada “prestigiosa”, aunque la experiencia me lleva a pensar que la palabra que confunden (por su reacción) sería más bien “elitista”. Sea como fuere, ya te comento yo que se dan casos de ridiculización también, aunque son la minoría, dicho sea de paso.
En base a mi observación, diría que en la práctica es más bien común que se indignen o se enfaden contigo por “formar parte de la perversa cadena”.

Esas suelen ser preguntas muy comunes cuando acaba de salir una serie de abogados, película similar que es un taquillazo o un caso sensible y/o lamentable (como de asesinato o violación) que termina tomando una gran repercusión mediática. He de añadir que, en este último ejemplo, no suelen ser tratados por los medios de comunicación con toda la responsabilidad que merecen, a veces, incluso parece que se mal informa o desinforma adrede a la población haciendo que esta descalifique precipitadamente y desconfíe del entero sistema judicial, en la mayoría de los casos, sin apenas discernir suficientemente su postura.

Por todo lo antes relatado he decidido escribir este texto y reflexionar un poco sobre este tema. Intentaré dar mi punto de vista sobre una cuestión que creo que es también delicada, no solo porque los abogados (profesionales del Derecho en general) trabajan o deberían trabajar para que el término “justicia” sea más que una utopía para los ciudadanos, sino también porque considero que si son percibidos como enemigos de la sociedad, significa que muchas cosas no están yendo bien, evidentemente. Espero que si has llegado hasta aquí me sigas leyendo con la misma ilusión con la que yo te escribo.

Y tú, ¿defenderías a un asesino?, ¿defenderías a los malos?, ¿por qué quieres ser abogada si pareces buena persona?, ¿serás/eres como ellos?

Responder a estas preguntas puede ser muy fácil y muy difícil al mismo tiempo… Fácil, porque tú como persona puedes optar libremente por una profesión u otra y lo puedes explicar así, sin más.
Puede resultar difícil porque no es sencillo hacer entender al resto de las personas que tu decisión también podría servir o sirve para hacer que el entero sistema funcione como debería. En cualquier caso, intentaré explicar cómo suele ser esto en la práctica y cómo lo veo, al final verás que es una cuestión de sentido común.

Si ahora me estás leyendo, me imagino que eres un ser humano como yo y, como tal, habrás convivido e interactuado con otros seres humanos.
El primer contacto que solemos tener con las personas, generalmente, se inicia en nuestras familias; después empezamos el colegio si tenemos esa oportunidad y vamos interactuando con maestros y otros colegas.
Mientras que vamos creciendo podemos tener la oportunidad de participar en algún club o grupo de actividad que nos interese (o quizás no tanto, pero en el que estamos por alguna que otra razón), ya sea deportivo, de arte en general, ciencia, algún voluntariado, etc. 
También llega un momento en el que formalmente empezamos a trabajar y a tener contactos a nivel más profesional con otras personas.
Posiblemente, ahora te estarás preguntando por qué te cuento todo esto y qué tiene que ver con el tema que estoy tratando. Bien, es una pregunta bastante lógica y hasta diría que inteligente.
¿Qué quiero decirte realmente cuando describo lo que sería una especie de ciclo vital humano?
Pues, simplemente, que en esas interacciones que habrás tenido con otras personas desde que eras un infante, te habrás dado cuenta de que en todos los escenarios algunas de esas personas te gustaron o te gustan más que otras (quizás sea porque te trataron o te tratan mejor que otras); te habrás dado cuenta de que algunas personas son o han sido para ti “más buenas” que otras. No sé cómo lo ves, pero yo estoy segura de que no podemos despertar la misma simpatía en todas las personas y tampoco todas las personas pueden despertar la misma simpatía en nosotros. 
Dicho esto, en todos los contextos que te has visto interactuando con gente, te habrás encontrado con la realidad de que todas las personas no son iguales, que algunas te tratan mejor que otras, que algunas hacen las cosas mejor que otras o simplemente, que algunas tienen una peor actitud aunque las circunstancias que les rodean sean idénticas a las de otras. Si tomamos como referencia el sector de la abogacía, muy al contrario de lo que cuenta la leyenda popular, te vas a encontrar exactamente con la misma realidad. Me atrevo a afirmar que quien toda su vida ha sido una persona honesta o ha intentado serlo, no se vuelve deshonesta de la noche a la mañana, por el hecho de que decida ser abogado/a. El hecho de dedicarte a la abogacía no hará que te conviertas en una persona honesta si antes no lo eras, tampoco en deshonesta si siempre lo has evitado. Tal vez se den una serie de acontecimientos en tu vida que te hagan cambiar, pero el simple hecho de dedicarte a una profesión no va a transformar tu esencia, toca decepcionar a los que piensan lo contrario.

Si yo he sido capaz de observar esto, sé que tú también te habrás dado cuenta o que te darás cuenta en cualquier momento, lo harás porque como ser humano interactúas con otros o lo tendrás que hacer en algún momento.

Llegados a este punto, podrás decir (y con razón) que los profesionales del Derecho y, concretamente, los abogados, tratan asuntos muy delicados donde la reputación, el dinero, la libertad y la vida de las personas puede estar en juego y, por eso deberían “portarse a la altura”.
Déjame decirte que, en la práctica, aunque parezca increíble y no sea precisamente la imagen que nos llega, no son tantos ni todos los que andan buscando la forma de hacerte miserable.

Vayamos al grano, ¿Por qué defender a una “persona mala”? (entendiendo como tal a aquella que la sociedad considera que ha cometido un delito que “no merece perdón”).

Lo primero que te quiero contar es que nosotros, si vivimos en un Estado en el que se garantiza el cumplimiento de la ley o, al menos, se pretende...Pues, deberíamos tener el derecho a que se demuestre que hemos cometido ese delito del que se nos acusa antes de que nos veamos pasando parte de nuestra vida metidos en un calabozo.

Aquí van un par de supuestos de andar por casa (como se suele decir coloquialmente), meramente ilustrativos:

1. Tú y yo nos levantamos una buena mañana, nos servimos un té o un cafecito, y al encender la televisión vemos que aparecemos en todas las noticias. En ellas se dice que ahora nosotros somos las “malas personas” porque, en teoría, hemos hecho algo que la sociedad no puede perdonar. Nadie sabe si lo hemos hecho realmente, pero nosotros sabemos que no. En todo caso, según estas noticias, por x circunstancias todo apunta a que hemos sido nosotros. Ahora para todos somos unos indeseables y nos andan buscando, todos los vecinos se han enterado y el tema está en boca de todos.
¿Lo estás imaginando?, ¿cómo te sientes?
Bien, sigamos con el ejercicio... En un breve lapso de tiempo se presentan unos agentes en nuestro domicilio y nos detienen (digo nos detienen porque ahora tú y yo somos unos colegas metidos en este marrón). Todo pasa muy deprisa, tan rápido que nos han llevado a unos calabozos en los que ahora vemos pasar parte de nuestra vida y cada día lo llevamos peor. 
Dime, ¿te está pareciendo justo? Seguramente, estarías deseando despertar de lo que parece ser tu peor pesadilla.

2. Volvamos a ponernos en situación, supongamos que sí hemos hecho eso tan malo que dicen las noticias y rumorean los vecinos, incluso en esta situación, ¿desearías que nos den el peor trato durante el proceso?

En el primer ejemplo, cuando no hemos sido nosotros, todo profesional del Derecho involucrado, concretamente, el abogado, está o debería estar para asegurarse de que no tengamos que pagar y sufrir por un daño que no hemos causado.
En el segundo ejemplo, está para asegurarse de que si vamos a ser castigados, que dicho castigo sea acorde con la gravedad de lo que hemos hecho, por ejemplo, que no se nos mate por robar una barra de pan porque a alguien le apetece... En ambos supuestos, velaría por el respeto de las reglas del proceso que, cuando se vive en un estado de Derecho deben seguirse, incluso cuando al resto de ciudadanos les parezcamos unas personas indeseables (y tal vez a esos mismos profesionales involucrados). Son pequeñas garantías que sirven para evitar, por ejemplo, que el agente que llegue a tu domicilio para detenerte, se sienta con el derecho de maltratarte sin más, porque se encuentra en una posición de poder y, porque sabe que dicha acción no tendría consecuencias.
Si nosotros no pudiéramos y tampoco existiera una persona dispuesta a demostrar que no hemos hecho aquello de lo que se nos acusa y, en caso de que lo hubiéramos hecho, procurar que nuestro castigo sea acorde con lo que marcan las reglas, entonces, no podríamos hablar de justicia. ¿Son todas las reglas justas? Ese es otro tema de debate.

Pero, si la abogacía estuviera realmente llena de gente perversa, ¿no sería deseable tener ahí a gente que no lo es?

¿Y si fuéramos los perjudicados aun cuando no lo pareciera y nadie quisiese velar por que se nos compense en los términos que fueran posibles?
Verás, la labor de un abogado es necesaria para que se pueda empezar a hablar de justicia en términos reales. Aunque una postura nos pueda parecer más aceptable moralmente, tener a un abogado en la parte contraria también es necesario cuando se quiere que hablar de justicia deje de ser una utopía.

No hay que entender el hecho de que un/a abogado/a asista a una persona “mala” como que ese abogado/a está de acuerdo con lo que haya hecho. El que dote de asistencia técnica no significa precisamente que esté a favor de la conducta de esa persona.
Cuando miramos esta cuestión desde cierta moral es difícil entender esto, pero es necesario hacerlo cuando somos ciudadanos que aspiran a tener o tienen un Estado de Derecho, por muy paradójico que parezca.

Pero claro, te he dicho también que hay gente para todo, en la abogacía no serían una excepción.



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2 comentarios

  1. muy interesante Estefanía, leyendo tu texto me he acordado tambien que tuvimos un debate igual en la Universidad, porque teniamos un compañero que siempre decía que podía defender a un asesino y todos nos quedabamos a mirarle. Recuerdo que cuando me preguntaron si podía defender a un violador respondí sin pensarlo dos veces y dije al profesor que jamas haría algo. La verdad ha sido una reflexión muy buena, pero creo que yo personalmente rechazaría un caso de violacion.

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  2. Es interesante la escena que has relatado. La verdad es que es un asunto bastante delicado...Un profesional puede aceptar o rechazar llevar un caso, pero la sociedad sigue identificando al acusado con su letrado, y la idea es más bien transmitir que una cosa no tiene necesariamente que ver con la otra. Gracias por compartir tu punto de vista!

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