SUS OJOS AÚN ME MIRAN

by - martes, mayo 01, 2018


Autora: Estefanía Mbá

Hoy me he vuelto a acordar de ese día, de esa tarde o no tan tarde entre las frías paredes de aquel hospital, ese hospital del que tampoco me olvido.

Hoy me he vuelto a acordar de su rostro, de la forma en la que sujetaba mi mano, sereno, cálido como de costumbre, cálido en ese entorno helado.
Sujeta mi mano sin mediar palabra, ninguno habla, y no hace falta. No somos de muchas palabras sino de grandes sentimientos. Difícil de explicar a veces.

Hoy he vuelto a ver su rostro pálido, irreconocible casi. Me he acordado de su cuerpo postrado en esa diminuta cama.
Me he vuelto a acordar de su sonrisa tímida, de esas que denotan un esfuerzo por reconfortarte.

Hoy he vuelto a verme junto a él, sigue sujetando mi mano.
En mis adentros empiezo a cuestionarme cosas, no puedo creer lo que estoy viviendo. No puedo creer que me vaya a pasar, no puedo creer que me esté pasando.
Pretendo hacer gala de ese optimismo que me caracteriza, sé que no puedo, sé que no debo.
Ya lo he visto en mis sueños, aún quiero creer que no es cierto. Quiero creer otra vez en los finales felices.

No ha dejado de mirarme, apenas habla, ni yo quiero que se esfuerce. Le entiendo, le siento, pero me invade la pena.
Estoy empezando a emocionarme, empiezo a sentir demasiadas cosas, empiezo a derrumbarme.
Se me escapa una lágrima pero no quiero que me vea así. Si soy quien debe transmitir buena vibra. Pero no, esta vez no, hay dolores que merecen nuestras lágrimas.

Me siguen mirando sus ojos bañados de amarillo; me sigue cogiendo de la mano, intenta transmitir paz y serenidad a pesar de la adversidad. Ahora sí, por fin logra decirme algo: ¨Vena estás aquí, significa mucho para mí. Acepto lo que vaya a pasar, me podría ir tranquilo”.

Hoy me he dado cuenta de que definitivamente ya no está.
Me he dado cuenta de que ya nadie manda cartas por cumpleaños.
Me he dado cuenta de que ya no está la ilusión de compartirlo todo con alguien: los escritos cuando te inspiras, los enojos, las discusiones, las alegrías, las tonterías.

Ya no están sus cuestionamientos, las preguntas existenciales cuando las cosas no estaban siendo lo que debían ser.
Ya no están las desactualizadas llamadas por skype, de esas intermitentes e interminables.
Ya no están las confidencias, ni las muestras de alta estima; ya no están sus particulares muestras de afecto ni sus largas sesiones de consejos.

Ya no están tantas cosas, ya no serán tantas cosas, pero yo sigo aquí. Yo sigo aquí aunque sea para dejar estas líneas, aunque sea para decir que me acuerdo aún de sus detalles.
Sigo aquí para decir que valoro el regalo que es cada segundo, sigo aquí aunque sea para decir que sus ojos aún me miran.

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