SOBRE EL ODIO,EL RACISMO Y LOS ESTEREOTIPOS(II)

by - martes, agosto 22, 2017

Autora: Estefanía Mbá                   


Imaginen a un alumno de la ESO recién llegado, la situación puede llegar a ser tan incómoda que empiezas incluso a no querer ir a clase. Porque esperas que la gente tenga la mente más abierta en un entorno como es el académico, pero te topas con una realidad contraria en muchos casos.

En Mallorca, en el instituto al que iba, los que veníamos de otros países teníamos las llamadas clases de pal.lic (clases de refuerzo del idioma). Cuando ahora recuerdo aquellos años, me doy cuenta de que en las clases de pal.lic me sentía mucho más cómoda, será porque más o menos todos pasábamos por una situación similar, veníamos de fuera y había que ponerse al día con el idioma. El profesor era muy comprensivo, muy buena persona, nos dejaba expresarnos, te reías con ganas y querías que se prolongaran esos ratos. En las clases de pal.lic que me tocaban no éramos muchos (entre cinco y diez alumnos), ni siquiera en las clases normales (excepto en algunas asignaturas), por eso tampoco entendía tanto la queja de reducir más a los alumnos por aula. A veces las faltas y retiradas aumentaban conforme avanzaba el año escolar, y ya no iba a clase ni la cuarta parte de los alumnos cuando el curso llegaba a su fin (esto se notaba más en unas asignaturas que  en otras). Los primeros compañeros muy cercanos los conocí en las clases de pal.lic. Como se suele decir, las cosas cambian y pocas cosas son eternas. Entonces, se te van acercando más compañeros con el tiempo, con ellos puedes hablar ya de cualquier tema sin problema, porque sabes que se acercan desde la sinceridad, sin mediar lástima ni actitudes parecidas. La hipocresía se nota más de lo que muchos se imaginan.

Otros chicos que pasaron por esas situaciones y residentes en diferentes ciudades del país, tras varios años y después de una posterior toma de contacto, han llegado a confesarme que pensaron en acabar con sus vidas por lo mal que se sentían. No todos afrontan estas experiencias de la misma manera, evidentemente. Pero agradezco que no lo hicieran, pues son bastante brillantes hoy, y estoy segura de que van a aportar cosas buenas a la sociedad. Querámoslo o no, cada una de esas vivencias van conformando la actitud  y personalidad de una persona. Unos logran sacar lo positivo de esas vivencias y otros no lo consiguen. En el caso concreto de los negros, algunos responden con más odio, también empiezan de odiar a los blancos o se vuelven excesivamente quisquillosos. Sí, hay negros racistas, aunque una forma de racismo que a mi parecer no se visualiza mucho.

En una ocasión (en el contexto universitario), recuerdo que veníamos viendo documentales en alguna asignatura, sobre la Guerra civil española, el holocausto, etc. Pero llegó el momento de ver un documental sobre la esclavitud en EEUU, la única negra en la clase ese día era yo, si mal no me acuerdo. En caso contrario, seríamos dos ese día. El profesor sugirió que al día siguiente se iba a ver aquel documental y quien se pudiera incomodar podía pasar de dicha clase. La verdad es que esa sugerencia no me terminaba de cuadrar ¿Porqué para ver el holocausto no se hace la misma sugerencia o la guerra civil española, por ejemplo? A lo mejor a algún judío le molesta ver esas imágenes o a los españoles les molesta ver a sus antepasados en esos términos.
¿Acaso un negro no se puede incomodar al ver el holocausto? ¿El judío y el español se pueden incomodar al ver el documental sobre la esclavitud en EEUU o no?
*con la especial aclaración que merecen esos términos.
En este escenario, sí hay compañeros que sin problema te comentan lo ridículas que les parecen tales sugerencias, sobre todo si después es probable hacer un trabajo sobre dicho documental.
Está más que claro que no te dice directamente que faltes a su clase si te puede incomodar ver el documental, pero todos allí somos lo suficientemente adultos para entender lo que pasa. De hecho, y puestos a reflexionar, pienso que si un estudiante no es capaz de ver un documental para fines académicos y sin personalizarlo, o no es capaz de permitir un debate fluido sobre un tema sensible, puede significar que no es lo suficientemente maduro para estar en una universidad. No somos ya críos en esa etapa.

En otra ocasión, también en la universidad, se me acercaron otros compañeros y nos pusimos a hablar sobre los temas que íbamos a exponer antes de una clase. El trabajo de uno de ellos también tenía que ver con el caso de los negros en EEUU. Me habló de su inquietud sobre el término adecuado que debía utilizar durante la exposición, si el de “negros” o “personas de color”. Quería saber lo que yo pensaba de todo eso, ya que en general parecía estar mal visto eso de decir negros. Con toda naturalidad, le dije que soy negra y no me molesta en absoluto que diga la palabra, si los negros entre nosotros nos solemos llamar negros. Personas de color me parece muy ambiguo, ¿Personas de qué color? Puestos a poner colores, no somos todos de alguno? En fin, hay gente para todo, a lo mejor a algún negro le moleste que le llamen negro, no lo sé. Pero ni a mí ni a todos los que conozco (que son muchos) nos molesta. El compañero estuvo repitiendo la palabra negros durante su exposición y noté como cierto asombro en la clase. Eran nuestros primeros años en la universidad y parecía que estuviera diciendo algo que no debía.  

Rebobinando un poco y tomando la propuesta de la compañera sobre incrementar las subvenciones para reforzar las clases de apoyo y ayudarnos a integrarnos, me doy cuenta de que lo que muchos necesitamos cuando recién llegamos es incluso más sencillo de lo que parece. Esperas simplemente que la gente sea humana, tus profes, tus compañeros; esperas algo de comprensión y paciencia. Cuando recibes eso, aunque sea de unos pocos, tu ánimo también se transforma. Aprender se hace más ameno e interesante que en el caso opuesto. Muchos opinan pensando que esos chicos son tontos, pero no es así. Muchos realmente pueden llegar a ser muy brillantes y lo son.

Personalmente, ya detestaba las generalizaciones. Pero cuando llegué a España lo que reforzó todavía más aquello fue encontrarme con esas personas que se atrevieron a ser diferentes, que rompieron con los esquemas que seguía la mayoría para justificar sus motivos para rechazar a otros. Fue encontrarme con aquel compañero que se puso primero a mi lado cuando otros vacilaron; aquel casero (propietario del piso) que confió en mí desde el primer momento y no dudó de mi integridad por el color de mi piel; aquellos compañeros de piso que pasaron horas en urgencias a mi lado como lo hubiera hecho cualquier otro de mi familia; aquellos profesores que sí fueron comprensivos y me ayudaron en la medida que les fue posible; aquellos vecinos encantadores. Por todas esas personas comprendí aún más que uno sólo necesita encontrarse con la gente indicada para saber que todos no son iguales. Para seguir creyendo en el futuro de la humanidad, no generalizar y atreverse a confiar en las otras personas, por muy diferentes que sean a nosotros. Me ayudaron a entender que quizás estos problemas pueden ser más de personas que de razas, clase social, religión, tribu o de un país.
Por eso, te invito a darle un chance a las personas que conozcas, aprendas a conocerlos antes de juzgarlos, aprendas a pensar y reflexionar antes de hacer viral un mensaje que incita al odio, de cualquier tipo que sea. Piensa que todos podemos sangrar cuando nos hieren. Todos podemos vernos en una situación en la que no tenemos ventajas. Seamos simplemente más humanos.

¿Vosotros qué pensáis sobre estos casos y temas? 

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