SOBRE EL ODIO, EL RACISMO Y LOS ESTEREOTIPOS(I)

by - martes, agosto 22, 2017

Autora: Estefanía Mbá

Estos son temas que cuando tomé la decisión de crear un blog de reflexiones supe que inevitablemente trataría en algún momento. Pienso y creo que hoy es ese momento. Considero que comprendo la cantidad de reacciones que puede implicar reflexionar sobre estos temas. No obstante, hoy siento la necesidad de hacerlo a mi manera. Intuyo que el texto será todavía más largo que de costumbre, y quizás con una segunda parte.
Trataré estos temas de la forma más precisa que pueda, usando ejemplos de personas reales con las que tuve la oportunidad de cruzarme desde el momento en que partí de Guinea Ecuatorial y empecé una nueva experiencia en España. Personas que conocí en diferentes contextos. Por supuesto, también mencionaré experiencias propias.
El caso de Sheila. Es una mujer que conocí en uno de mis destajos para estudiantes. Cumple cuarenta años esta semana, es colombiana, negra, tiene tres hijos, lleva más de quince años viviendo en España y está casada con un español, blanco, no español de papeles (como se suele decir).  Su hija menor tiene ocho años. Pero, desafortunadamente, me dijo que durante las vacaciones su niña vive prácticamente encerrada. La razón es que no puede jugar con otros niños fuera de casa, pues, aunque su padre sea blanco y su madre negra, esos niños dicen que es una negra. Por esta última razón se sienten con el derecho de molestarla y provocar broncas. Ella, cansada de las peleas, ha decidido no salir más. La niña se siente mejor en el colegio, por eso suele jugar todo lo que puede cuando está allí. El relato de Sheila me sorprendió, porque cuando yo crecía los niños de esas edades eran más genuinos y solo les importaba jugar.  Un niño de ocho años no muestra rechazo a otro por el color de su piel, clase social u otros, si no lo aprende de alguien o en algún lado.

El caso de George.  El año pasado conocí a George en un pueblo de Valencia. Nuestro contacto surgió a raíz de un asunto de negocios. Por teléfono me dijo que se llamaba George y acordamos vernos para detallar todos los aspectos necesarios sobre el tema. Antes de vernos, George no sabía que al otro lado del teléfono la chica que se hacía llamar Estefanía era negra. Ninguno de los dos sabía mucho sobre la otra persona. Descubrí que George en realidad era un mote disfraz (como lo llamo yo). La persona detrás del nombre "George" escondía a un señor de origen árabe con nacionalidad sueca y cuyo nombre de pila descubrí con posterioridad, al vernos.
Hoy me pregunto porqué de entrada no decidí echarme atrás, si lo más normal no hubiese sido desconfiar de una persona que no terminaba de ser quien me esperaba encontrar, y viceversa. Es decir, los negros tampoco solemos tener fama de ser muy honrados o de fiar, la verdad sea dicha.
¿Por qué él tampoco decidió orquestar una manera de no llevar a término aquel trato desde el principio?
Les diré lo que me pasó: me surgió una intensa curiosidad por saber por qué no quería usar su nombre de pila para ese tipo de contactos. Si iba a echarme atrás, al menos quería saber sus motivaciones o razones. Bien, me comentó que el uso de aquel nombre no era fruto del capricho. Que en ocasiones anteriores ya había intentado usar su nombre de pila, pero el resultado no fue muy positivo que digamos. Para resumir, su nombre de pila no inspiraba confianza a desconocidos en  este país. Me dijo que entendería si al final desistía de seguir con las negociaciones. Pues, no era muy natural aquella situación.
La verdad es que decidí darle un voto de confianza y resultó ser un señor muy legal. Para todo trabajaba y contaba con su abogado, un joven muy majo y profesional, por cierto.  Total, quizás yo no procedería de manera similar a la suya, pero me resultó muy curioso que tuviera que llegar a ese extremo por el rechazo que decía recibir cuando se presentaba con su nombre de nacimiento. ¡Y eso que era un hombre de bien! Quiero decir, tenía sus empresas y tenía un poder adquisitivo considerable.

Mi caso y de otros. Me acuerdo de un día en la facultad, en Granada, en que se planteó cuál era la mejor manera de propiciar una integración de los hijos de inmigrantes en la sociedad española y además incrementar su rendimiento académico, sobre todo el de los subsaharianos. Es cierto que me resultó asombrosa la manera en que surgían recetas que parecían ser las idílicas para ayudarnos. Recuerdo que una compañera propuso incrementar las subvenciones para las clases de apoyo, puesto que a su parecer no contábamos con los suficientes recursos para una mejor adaptación. Mostré mi recelo respecto a dicha propuesta, dado que me acordé de mis primeros años en España y de los relatos de otros chicos que pasaron por situaciones similares a la mía, y que me confiaron sus preocupaciones.
En general, muchos nos sentimos abiertamente excluidos y tratados con lástima repetidamente.
En cuanto a mí, cuando llegué a España pasé mis primeros años en Palma de Mallorca. Recuerdo que no fueron años fáciles, las clases eran en un idioma distinto (catalán), la gente era distinta, las calles lo eran, la comida hasta cierto punto también. He de decir que me esperaba algo totalmente opuesto a lo que al principio noté. Esperaba que todo fuera distinto pero positivo, en plan “guay" o "cool”.

Al principio, no entendía por qué en mi primer contacto con quien fuera desde el inicio se preocupaba por la situación económica de mi familia. No entendía por qué tras decirle a alguien que era de Guinea Ecuatorial volvía a preguntarme porqué hablaba español, llevando tan poco tiempo aquí. Si todos llevaban un smartphone ¿no era fácil mirar por Google algo de información básica? No entendía porqué me preguntaban si había visto un coche antes o si vivía con leones en Guinea (como animales domésticos). No entendía por qué me preguntaban si tenía comida en casa, después de todo, tampoco recuerdo que fuera en taparrabos a clase o de paseo. He de confesar que antes de llegar a España nunca había visto a alguien en sus plenas facultades mentales mendigando. Eso tampoco desmiente que en mi país de origen haya gente que lo pasa mal o que haya mucho que mejorar. Soy la primera que critica todo lo que tiene que mejorar.

Continuará…. No olvides leer la segunda parte.

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