¿Y SI NO FUERA LA MUJER CONTRA EL HOMBRE?

by - sábado, marzo 04, 2017

Autora: Estefanía Mbá

“Llamar a la mujer el sexo débil es una calumnia, es la injusticia del hombre hacia la mujer. Si por fuerza se entiende la fuerza bruta, entonces, en verdad, la mujer es menos brutal que el hombre. Si por fuerza se entiende el poder moral, entonces la mujer es inmensamente superior” (Mahatma Gandhi).

“La mujer tiene un solo camino para superar en méritos al hombre: ser cada día más mujer” (Ángel Ganivet).
Cuando reflexionar se hace obligatorio, no podemos pensar sin proyectar la mirada hacia el pasado. Siempre buscamos ese origen del problema, esa semilla que engendró la situación presente, esa causa causante.
La problemática sobre la injusta posición de la mujer en la sociedad actual ha sido abordada de distintas maneras, como antes decía, las explicaciones han querido darse partiendo de lo que se cree el origen, la semilla, la causa causante.
¿Qué es lo que pasó?
Se dice que las reglas del juego fueron establecidas por los hombres e impuestas a las mujeres, que éstas son las víctimas del cuento y a veces cómplices de su padecer. Se dice que a la mujer le fue asignada una posición determinada: la del sexo débil. Se dice, incluso, que su situación es la manifestación de la voluntad divina.
A veces ha sido halagada como forma de compensar sus pesares: diosa, inteligente, valiente, bella, tenaz, entre otros. Ha sido protagonista de obras inmemoriales, de versos perfectos, de canciones con atributos, refranes populares. La mujer, aun sin haber querido, de alguna manera ha sido siempre protagonista.
¿Qué hizo y hace la mujer?
La mujer ha respondido de variadas formas a lo largo de la historia, algunas veces más acertadas que otras: del descarrío a la reivindicación. De vindicaciones admirables, elegantes y determinantes como, cuando en 1931 Clara Campoamor impulsó el sufragio femenino en España mostrando gran capacidad discursiva y agudeza mental; cuando en 1873 Susan Brownell ante el Tribunal de Canandaigua (Rochester, NY) mostraba su rechazo a la oligarquía del sexo; o como, cuando Mary Wollstonecraft en diferentes obras dejó plasmadas interesantes reflexiones concernientes a problemáticas de género que hoy afrontamos. De esas, a reivindicaciones que dejan mucho que desear desde mi punto de vista, como algunas que presenciamos en las sociedades de nuestros tiempos.
Muchas de las mujeres contemporáneas han centrado o están centrando su lucha en ir contra los hombres, en lugar de combatir las injusticias. Muchas, en nombre de la búsqueda de la igualdad nos están volviendo más esclavas todavía. Hemos llegado a apoyar que se establezcan cuotas paritarias en los parlamentos o en determinados puestos (en pro de la representación femenina), ¿desde cuándo nos importa más la cantidad que la calidad? Hemos llegado a apoyar leyes que castigan los mismos delitos con penas más o menos severas en función del sexo, ¿dónde queda la igualdad ante la ley? Nos hemos dejado manipular por ocurrencias de los políticos de turno, creyendo que la igualdad en letras (poner la “a” o la “o” al final de las palabras, pervirtiendo a menudo el lenguaje) es verdadera igualdad, ¿importa más el decir que el hacer?
¿Cuál es mi voto como mujer?
Considero que un buen punto de partida sería definirnos a nosotras mismas, qué es lo que entendemos con ser mujeres, qué caracterizaciones o representaciones asumimos.
Confío en que alguna vez vamos a priorizar la calidad (si la calidad puede ser en cantidad, mejor). Personalmente, me satisfaría saber que las pocas mujeres que hay en determinados puestos hacen un excelente trabajo, pues, prefiero pocas mujeres capacitadas que mil ineptas ocupando puestos sólo por ser de un sexo determinado. El razonamiento se puede invertir, lo que quiero decir, es que me da igual el sexo, me gustaría que los puestos de trabajo o cargos los ocuparan personas capacitadas para ello.
Espero que algún día las injusticias nos duelan, aun cuando nos beneficien. Pues, si la mujer ha de ser injusta con el hombre para ser compensada, entonces nos queda mucho camino por recorrer y los avances que creíamos tener logrados saben remotos.
Deseo que no seamos engañadas, que no nos conformemos con los cambios de letras al final de las palabras, sino que nos deleiten acciones sinceras, alejadas de la propaganda y el marketing. Deseo que nuestros compañeros no nos digan lo que queremos escuchar y a la hora de actuar, hagan lo que nos disgusta. Deseo respeto sincero, consideración como ser igualmente a la altura. No deferencia impuesta, sino surgida de la reflexión y la convicción.
Anhelo que las mujeres comprendamos que en nuestras manos están gran parte de las herramientas para crear el mundo que queremos, para tener la consideración que esperamos. Querámoslo o no, muchas todavía somos las educadoras. Si queremos libertad, eduquemos en libertad. Si queremos respeto, eduquemos en el respeto. Si queremos justicia, eduquemos en la justicia. El fruto de lo que tenemos, no deja de ser más que el resultado y reflejo de la educación que hemos dado. Eduquemos en aquellos valores que queremos ver reflejados en la sociedad.
Para concluir, haré mías las palabras de Mary Wollstonecraft “a las mujeres no les deseo que tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”.
¿Y si no fuera la mujer contra el hombre sino la mujer junto al hombre?


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