LA POLIGAMIA

by - miércoles, marzo 08, 2017

Autora: Estefanía Mbá

La poligamia como ya sabrán muchos, es un tipo de matrimonio que permite a un individuo casarse al mismo tiempo con dos o más personas. Es decir, un hombre puede casarse con dos o más mujeres (poliginia) y una mujer puede hacerlo con dos o más hombres (poliandria).

En este escrito, hablaré de la poliginia. Quizás por ser la más extendida geográficamente, la más “aceptada” o la más “controvertida” según el ángulo desde el cuál se mire. Por tanto, cuando en adelante mencione poligamia, ha de entender el lector que me refiero a la poliginia.
Gran parte de las noticias de nuestros medios de comunicación que hacen referencia al tema en cuestión, normalmente suelen tener un enfoque unidireccional (a mi parecer). A menudo la mujer aparece como la víctima, como la persona a la que hay que proteger, como el sujeto poseedor de todos aquellos atributos que se quiera uno imaginar para referirse a una persona que se encuentra en situación de desventaja. Son el tipo de noticias a las que nos han acostumbrado. Es por esta razón, que una de las dudas que me ha surgido a la hora de desarrollar el presente tema, ha radicado en el enfoque que iba a tener. Pues, reconozco que suele ser un tema bastante polémico.
Mi intención no es poner a la poligamia como el mejor ejemplo de unión, o el tipo de unión ideal, no es echarle rosas. Más bien, como siempre, pretendo reflexionar acerca de un punto característico de ésta que suele omitirse cuando nos presentan a las víctimas y a los verdugos.
Es indiscutible, que a día de hoy, en algunas partes del mundo seguimos teniendo personas que se resignan a vivir en situaciones que no han elegido, como convivir con un hombre o mujer que no han escogido y asumir todo lo que eso conlleva. Pero, fuera de esos casos, la unión entre dos o más personas suele ser libre. Este último matiz es muy importante.
Existen argumentos que utilizábamos anteriormente para justificar y criticar la existencia de la poligamia, argumentos que al menos hoy son cuestionables. Ya no podemos defender la poligamia alegando que es un mecanismo de subsistencia. Razones como el poco desarrollo cultural o la poca independencia económica de la mujer, ya tampoco son válidas en todos los casos para explicar este fenómeno. Defenderla con premisas como que el número de mujeres es levemente mayor al de hombres me parece un disparate incluso, pues, las uniones que se dan no son automáticas, los hombres no van a un mercadillo de mujeres y eligen a las que se quieren llevar hasta que se agoten las solteras o al menos yo lo desconozco. Lo normal suele ser que exista atracción previa, cierto proceso de conocimiento entre las personas (que puede ser largo o muy corto según qué casos). Por tanto, aunque la poligamia fuera legal y libre en todas partes del mundo, seguiríamos teniendo mujeres solteras, ya que las personas no suelen casarse pensando en que tienen que reducir el número de solteras, más bien se fijan en sus intereses (emocionales-afectivos, económicos, profesionales y demás). La excusa de la poligamia como vía para reducir la infidelidad masculina, tampoco me parece convincente. Un hombre puede ser infiel tanto si tiene una mujer como si tiene cuatro (si una no es suficiente, ¿qué garantías hay de que dos, tres o cuatro lo vayan a ser?). No hay poligamia que cure la infidelidad, ser fiel es una elección personal.
Enlazando con los hitos anteriores y desde mi punto de vista, considero que la poligamia no se debería explicar de manera unidireccional o sesgada, pues, como antes decía, es raro que la gente se case a punta de pistola. Propongo más bien que antes de victimizar a la mujer nos planteemos unos interrogantes:
¿Por qué las mujeres libremente aceptan este tipo de unión?
¿Se debería ser víctima de la propia elección?
Pienso que hay que dejar que la gente decida el tipo de unión que quiere tener, siempre que las partes estén de acuerdo en ello. Siempre que los involucrados tengan la libertad de desvincularse del mismo modo cuando ya no lo deseen.  
No veo necesario que los partidarios de esta práctica pretendan justificarse constantemente, al fin y al cabo, es cuestión de dos, de tres o de cuatro. Siempre que haya consentimiento (con las particularidades del término) y consenso, las personas deberían poder tener el tipo de relaciones que deseen, total, las necesidades de cada cual son distintas. No hace falta fabricar justificaciones para decir algo tan simple.

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